Resignación

A mis 42 años, por fin entendí el significado de esa palabra que tanto se dice en un funeral: “resignación”. Hace poco entendí el por qué se dice y se le desea a quienes han perdido a alguien.

Este año he tenido que entender y tratar de lograr la tan ansiada resignación, que al final es más fácil desearla a otros, que aplicarla en uno mismo.

La resignación es ese proceso casi inalcanzable, donde debes aceptar que quien amas no va a regresar, es el punto donde sabes que no hay vuelta atrás; es ese momento cuando te das cuenta que tú sigues vivo y la otra persona ha muerto.

Resignación, es entender que la vida para los que seguimos aquí debe seguir, es lograr encontrar consuelo en lo que tienes aquí y ahora, es empezar a hablar de alguien en pasado, aferrándote a los recuerdos para que no se vayan.

Resignación, es atesorar pequeños momentos que en su momento fueron triviales, pero que hoy al recordarlos son como el dulce que le das a un niño cuando está llorando.

Resignación, es empezar a hacer planes, es volver a soñar con el futuro, sabiendo que alguien muy importante no será parte de ellos.

El 21 de mayo de este año, mi Papá me enseño con su partida, que lo importante en la vida no es lo que tienes, sino a quien tienes contigo. Hoy él ya no está físicamente aquí, ese día lo tuve que cargar con mis propios brazos para darme cuanta que se había ido para siempre, y aunque han pasado varios meses, en muchas ocasiones al visitar su casa, no pierdo la esperanza de que saldrá a saludarme, aunque después recuerdo que ya entendí lo que significa “resignación”.

Jefe, no estas aquí, no te puedo ver ni tocar, pero te sigo amando y te extraño, en verdad te extraño.